sábado, 9 de mayo de 2015

Reseña: A sangre fría - Truman Capote



Título original: In Cold Blood
Título en España: A sangre fría
Autor: Truman Capote
Traducción: Fernando Rodríguez
Año de publicación: 1965 en USA, 2006 en España
Editorial: Anagrama
Páginas: 315





El 15 de noviembre de 1959, en un pueblecito de Kansas, los cuatro miembros de la familia Clutter fueron salvajemente asesinados en su casa. Los crímenes eran, aparentemente, inmotivados, y no se encontraron claves que permitieran identificar a los asesinos. Cinco años después, Dick Hickcock y Perry Smith fueron ahorcados como culpables de las muertes.
A partir de estos hechos, y tras realizar largas y minuciosas investigaciones con los protagonistas reales de la historia, Truman Capote dio un vuelvo a su carrera de narrador y escribió A sangre fría, la novela que le consagró definitivamente como uno de los grandes de la literatura norteamericana del siglo XX. Capote sigue paso a paso la vida del pequeño pueblecito, esboza retratos de los que serían víctimas de una muerte tan espantosa como insospechada, acompaña a la policía en las pesquisas que condujeron al descubrimiento y detención de Hickcock y Smith y, sobre todo, se concentra en los dos criminales psicópatas hasta construir dos personajes perfectamente perfilados, a los que el lector llegará a conocer íntimamente.

Anticipándome a la lluvia de verduras y garrotazos, he de decir la verdad desde el principio: este libro no me ha gustado.

Como todos sabréis, A sangre fría es un informe novelado sobre un caso de asesinato real, por lo que de poco sirve deciros lo que me han parecido la trama o los personajes; la realidad es la realidad y punto. Sin embargo, sí puedo explicar brevemente por qué este libro no es santo de mi devoción.

Para empezar, no he acabado de entender muy bien el propósito de la «novelización» de un caso real. Si quiero informarme sobre un hecho verídico, no busco datos en una novela. Pensé que leyendo la obra lo entendería, pero no fue el caso, lamentablemente. De hecho, no puedo evitar dudar de algunos de los hechos que Truman Capote relata en el libro. Sí, no puedo negar que se trata de un trabajo periodístico de dimensiones titánicas que requirió tiempo, esfuerzo y recursos, y no quiero despreciar ese mérito bajo ningún concepto, pero tampoco soy capaz de obviar la desconfianza que me produjo leer con todo lujo de detalles las acciones, pensamientos, emociones y situaciones de los personajes cuando estos se hallaban solos. Y diréis: «Claro, este es un trabajo periodístico y la misión del autor era reunir toda la información posible, hasta la de ínfima importancia». Y yo os daría la razón, pero sigo preguntándome hasta qué punto todo lo que cuenta Capote es real, especialmente en las dos primeras partes de la obra. ¿De verdad las personas entrevistadas se acuerdan de detalles tan insignificantes como el color del bañador de uno, los unicornios en los que estaba pensando su vecina, si en el kilómetro 12353464 de viaje uno de los asesinos se rascó el culo y pasó una golondrina por encima de su cabeza? Que igual, sí, oye. Yo de periodismo no entiendo ni media, y tal vez no habría dado tanta importancia si no supiera que se trata de una historia real. No puedo evitar pensar que el autor introdujo pasajes enteros de su propia cosecha para dramatizar aún más la situación o intentar despertar determinados sentimientos en los lectores en detrimento de otros (en concreto, me da la sensación de que Capote sentía cierta predilección por Perry. Si estoy en lo cierto o si es una ilusión pensada por el autor para dar un último «giro» a los acontecimientos, es algo que nunca sabré). En definitiva, supongo que mi mayor problema con la novela es esa: su estructura como tal.

Por otro lado, he decir que el estilo de Truman Capote en este libro me resulta agotador. O tal vez debería decir el estilo de la traducción, que, dicho sea de paso, es mala con ganas, alevosía y nocturnidad. Me consta que la editorial publicó otra más moderna y no sé cómo será, pero yo os hablo de esta porque es la que he tenido el dudoso placer de leer. En fin, como iba diciendo, el estilo me drena las energías. A pesar de que es una novela, no tiene capítulos, sino que se divide en varias partes. Yo no suelo tener problemas con la longitud de los capítulos y tampoco lo tuve en este caso. Lo que me mareaba eran los constantes saltos de perspectiva: la familia, la cartera, el vecino, la vecina, la hermana del asesino, el policía, un señor que pasaba por ahí... Todos con su correspondiente estudio biográfico. Como ya dije en mi reseña de Battle Royale, a veces es necesario ahondar en la psicología de los personajes para entender una novela y, en el caso de A sangre fría, estoy de acuerdo... en parte. Yo necesitaba conocer a la familia asesinada para entender la novela, necesitaba conocer a los asesinos y, si me apuras, a los policías. Dudo de la importancia de las vidas del resto de personajes (cartera, vecinos, señor que pasaba por ahí, etc.). Por supuesto, apreciaría unas pinceladas de información relevante sobre ellos, pero tanta exhaustividad me pesaba como una losa. Por no hablar de la vida y obras de los compañeros de Perry y Dick en el corredor de la muerte. De verdad, no hacía falta un informe detallado sobre sus vidas porque no vienen al caso. Otra cosa que no termino de apreciar es la necesidad de repetir una y otra vez los mismos hechos de las vidas de los asesinos. Con una vez me había enterado, señor Capote.

Por último, y no por ello menos importante, me temo que no me gustan las novelas policíacas. Y diréis: «Pero, Yaiza, ¿eres tonta? Si no te gustan, ¿para qué las lees?» Y yo os responderé que no lo sabía. Sabía que no me llamaban la atención, pero nunca me había parado a leer una. Ahora, ya lo he hecho y, teniendo en cuenta que esta es una de las grandes, no me queda más remedio que declarar que no me gusta este género. Ha llegado la hora de aceptarlo. Podemos ir en paz.